Turismo

Quinta de Simón Bolívar

Por Redacción | Categoría Turismo | Marzo, 2015

 

Construida hacia el año 1800 esta casa colonial, fue vivienda del Libertador Simón Bolívar después de que el gobierno se la obsequiara por sus grandes actuaciones en el campo de batalla y que desencadeno la Independencia. También le sirvió como refugio luego de la conocida Conspiración Septembrina, que presagio la desintegración de La Gran Colombia. En 1918 es declarada monumento nacional. Actualmente funcional como un museo donde se exhiben numerosos documentos y piezas que pertenecieron a Bolívar.

Historia de su construcción, estadía del Libertador y transformación a Casa Museo

Su historia se remonta a 1670, cuando el bachiller Pedro de Solís y Valenzuela donó a la ermita de Monserrate 100 varas castellanas de tierra, ubicadas en el sitio llamado La Toma de la Aduana. En 1800, el capellán de Monserrate, José Torres Patiño, vendió el predio por la suma de $120 al contador principal de la Renta de Tabaco de Santafé, don José 
Antonio Portocarrero. El nuevo dueño construyó una quinta campestre que arregló para agasajar al virrey Antonio Amar y Borbón en el cumpleaños de su esposa la virreina, doña Francisca Villanova.

En el centro está la casa con sus jardines abandonados, sus árboles decrépitos que extienden sus ramas y sus sombras sobre los corredores solitarios y los salones en ruinas, donde en otros días resonaron músicas voluptuosas, en noches de festines sorprendidos por la aurora; con su chimenea de mármol blanco, en el gabinete de la izquierda, sobre la cual se firmó la negativa de la conmutación de la pena de muerte a los ejecutados con motivo de la conjuración de septiembre;con sus terrazas que sintieron las férreas botas de los libertadores; con su muelle baño, cercado de bajas tapias, cubiertas antes de enredaderas, y techado por el puro cielo azul; con su esbelto mirador que se yergue sobre la colina, como un alerta vigía; con sus alcobas, antiguamente perfumadas, que vieron al héroe, de regreso del Perú, pasar cargado de laureles, y descansar de la gloria en los brazos de rosa del amor; con su espléndido comedor, comunicado con la sala principal, y con deliciosas perspectivas sobre el patio y los jardines, y donde, en los tranquilos días de la Colonia, don José Antonio Portocarrero, dueño y constructor de la Quinta, y hombre de mucho gusto y así muy sentido de
todos, departía, agradablemente, de cosas de Gobierno, con Amar y Borbón, su grande amigo, virrey de Santafé, y su señora esposa, doña Francisca Villanova, la virreina, mientras, delante de los contertulios, en el fondo, aparecía esta inscripción en letras formadas con las rosas del jardín: "Mi delicia es Amar".

Al finalizar la guerra de independencia, la Quinta estaba a punto de desaparecer por el creciente deterioro que había 
sufrido. Tras la victoria definitiva sobre los españoles, el gobierno de la Nueva Granada adquirió la propiedad con el propósito de obsequiársela al Libertador, "como una pequeña demostración de gratitud y reconocimiento en que se halla constituido este Departamento de Cundinamarca por tan inmensos beneficios de que lo ha colmado Su Excelencia, restituyéndole su libertad".

Así reza la escritura, firmada por el gobernador José Tiburcio Echevarría el 16 de junio de 1820. La compra se hizo por 
dos mil quinientos pesos. El documento aclara que dicha compra se hacía a nombre del vicepresidente Francisco de 
Paula Santander y del Estado colombiano. Allí también se deja constancia de la necesidad de mejorar la finca para entregarla en condición presentable al Libertador. Bolívar fue propietario de la Quinta durante 10 años, pero no la habitó mucho tiempo. En 1821 la ocupó por primera vez,en dos ocasiones que coincidieron con el cenit de su gloria: durante el mes de enero, antes de partir a la campaña final de independencia de Venezuela, que culminó en la Batalla de Carabobo; y en octubre del mismo año, después de dicho triunfo, antes de emprender, el 13 de diciembre, la Campaña Libertadora del sur. Durante sus años de ausencia, entre 1821 y 1826, un pariente suyo, llamado Anacleto Clemente, habitó la casa y la dejó en tan mal estado que, ante la proximidad del regreso de Bolívar a Bogotá, el 6 de agosto de 1826, Santander le envió una comunicación donde le manifestaba:

Hice emplear muchos pesos en componer la Quinta que dejó Anacleto arruinada, y aunque no quedará de gran lujo, quedará de gusto y mejor que nunca.
El 21 de septiembre volvió a escribirle: Su Quinta se la tengo muy compuesta y decente. Hemos echado mano de sus sueldos viejos atrasados para que siquiera sirvan para proporcionar un desahogo a quien tanto lo necesita y lo merece. Vergüenza me diera que usted se alojara como antes y se sirviera de muebles prestados. Juan M. Arrubla me ha servido mucho en esta operación.

El 14 de noviembre de 1826, Bolívar hizo su entrada a Bogotá, de regreso del Perú. Desde entonces, y hasta su partida final en 1830, habitó en forma esporádica este lugar que se convirtió en el refugio de sus constantes viajes y del tenso ambiente político.

La Quinta fue testigo de grandes acontecimientos como la instauración de la Gran Colombia y la culminación de la Campaña del Sur; de fiestas como aquella en la que se conmemoró el natalicio de Bolívar -celebrado por los contertulios el 24 de julio de 1828, en ausencia del Libertador- y en la cual se poblaron de tiendas de campaña las colinas circunvecinas a fin de alojar allí al Batallón Granaderos. Entre los invitados se encontraban el general José María Córdova y sus edecanes, el doctor Estanislao Vergara, el canónigo Francisco Javier Guerra, el historiador José Manuel Restrepo y el general Rafael Urdaneta.

También se vivieron en ella momentos críticos originados en los graves sucesos que conmovieron entonces a la República y en la oposición de los enemigos a las ideas bolivarianas, derrotadas en la Convención de Ocaña. Allí se refugió después del atentado contra su vida, ocurrido el 25 de septiembre de 1828, y se firmó la negativa a conmutar la pena de muerte a los conjurados por este hecho.

La sexta y última estadía de Bolívar se produjo entre el 15 de enero de 1830 y el 1 de marzo del mismo año, aunque desde el 28 de enero ya había regalado la Quinta a su amigo José Ignacio París, conocido por sus servicios a la causa independentista y por su lealtad al Libertador. La donación, en realidad, fue hecha a su hija, Manuela París, quien, por ser menor de edad, no la pudo recibir, de manera que lo hizo su padre a nombre de ella, a través de una escritura que se firmó en el Palacio de San Carlos. La donación se avaluó en dos mil quinientos pesos.


El Gobierno Nacional solicitó a la Sociedad de Mejoras y Ornato, en 1991, que se encargara de restaurarla. Tras ocho años de trabajo conjunto con la Dirección Nacional de Monumentos -antes dependiente de Instituto Nacional de Vías y en la actualidad del Ministerio de Cultura-, la Quinta ha recuperado el carácter de casa campestre y el aspecto 
que tuvo cuando el Libertador la habitó.

1993-2005: Hasta antes de la restauración que se inicia en el año de 1992, el aspecto exterior de la casa era producto de las intervenciones de los últimos años, cuando se pretendió "enlucir" la Quinta. En ese entonces, se reemplazó la modesta portada por la que hoy vemos, estilo republicano; se construyó un camellón de acceso rematado en una inapropiada escalinata de piedra y se rodeó la vivienda con una baranda de madera.

Esto evidenció cómo a partir del momento en que Bolívar recibió la Quinta como obsequio, la casa empezó a ser acondicionada para servir de habitación al entonces presidente de la república. La investigación previa a las obras determinó que aunque el Libertador poco intervino en los arreglos y la decoración, pidió al vicepresidente Santander que la arreglara, mandó construir una chimenea y, al parecer, hizo los planos del Mirador. Además de hacer habitable la deteriorada casa, Santander emprendió una gran reforma: mandó construir el Comedor.

Por otra parte, y una vez se desmonta la cubierta y se inicia el trabajo de intervención física del inmueble, se encontraron vestigios de pintura mural, así como el color original de la casa. Otro descubrimiento significativo fue la ubicación de la cocina. Los vestigios de hollín, grasa, canal de desagües, hornos y una ventana, permitieron reconstruir uno de los lugares más antiguos de la Quinta.

Todas estas obras fueron inauguradas en el año de 1998, reapertura que hizo que una gran número de visitantes regresaran a este monumento nacional, con la intención de conocer los resultados de las obras. En el año 2000 se inaugura la última etapa de este proceso de restauración que comprendía la zona de jardines altos y el Mirador y baño de asiento.

A partir del año 1998 la Quinta de Bolívar entra en una etapa de reorganización administrativa que se enmarca en la formulación de planes estratégicos con sus respectivos enunciados de misión y visión institucional a corto, mediano y largo plazo así como planes de acción anuales estructurados en áreas estratégicas.

Más información: http://www.quintadebolivar.gov.co

Horarios: Martes a viernes 9:00 am a 5:00 pm
Sábados y domingos 10:00 am a 4:00 pm
Todos los domingos: Entrada libre
10:00 am a 4:00 pm.

Precios de ingreso: Adultos mayores de 60 años: entrada gratuita. Adultos: $3.000. Niños menores de 5 años*: Eentrada gratuita Niños de 6 a 12 años*: $1.000
Estudiantes y niños a partir de 13 años: $2.000.